Tren a Hsipaw

Tras una semana en Myanmar visitando lugares imprescindibles en cualquier itinerario, creíamos que ya estábamos preparados para salir a ver lo más profundo del país. Y empezamos por el transporte. Aunque el autobús de Mandalay a Hsipaw tardaba 6 horas y era casi la mitad del precio, decidimos coger un tren de 12 horas. A los extranjeros solo nos dejan ir en clase superior, así que que el único tren saliera a las 4 de la madrugada no nos pareció un inconveniente porque creíamos que podríamos dormir algo más durante el viaje.

A aquellas horas, la estación aún tenía una imagen más deprimente que la del día anterior, cuando habíamos ido a comprar los billetes. Cruzando por las vías y tratando de no pasar por encima de las decenas de familias que viven permanentemente en los andenes (para los myanmas es de muy mala educación), encontramos el vagón que nos correspondía. Los asientos eran bancos de madera tan rígidos y rectos que cualquier costura en la ropa era un suplicio! Luego entendimos que la única diferencia entre segunda clase y superior era que en los vagones de segunda no cabía ni un alfiler y la gente estaba sentada en el suelo…

Y con la luna aún reinando en el cielo empezamos el lento ascenso a las montañas…

Yo, que soy especialista en pedir a la gente en los vagones de Renfe que se ponga los auriculares si quiere escuchar música, que recoja los papeles que ha tirado al suelo, que quite los zapatos del asiento de enfrente… Aquí no pude decir nada a un grupo de monjes que sin haber pagado ningún billete subieron a nuestro vagón aún a oscuras, pidiendo a la gente que les dejara sentar, fumando como carreteros y escuchando música a todo volumen con una radio!

Pero con la luz del alba todo empezó a verse de otra manera. La mujer que teníamos sentada enfrente nos enseñó todas las fotos de su familia que llevaba encima y nos dio a probar todo tipo de “gominolas” birmanas super picantes; luego se sumó al juego de mímica la niña que estaba a su lado, ofreciéndonos también sus caramelos. Un poco avergonzados, nosotros les ofrecimos un trozo de pan de molde seco y unos trocitos nada apetecibles de mango calentucho dentro de una bolsa de plástico, el desayuno que muy amablemente el hotel nos había preparado para llevar…

En casi todas las estaciones, el tren paraba durante más de 20 minutos, para dar tiempo a los pasajeros a bajar a hacer la compra en el mercado del pueblo. Nosotros no nos atrevíamos a bajar del tren por si se nos iba y tampoco le podíamos preguntar a nadie cuanto tiempo estaríamos en la estación porque nadie hablaba ni media palabra de inglés, así que nos limitamos a comprar sandía y panochas de maíz por la ventana, aunque cada vez que llegábamos a un pueblo las vías se llenaban de vendedores de todo tipo de comida: fideos fritos, arroz con verduras, samosas…

Una de las razones que nos motivaron al escoger el tren como medio de transporte entre Mandalay y Hsipaw era pasar por encima del viaducto de Gokteik. Construido por encargo de los ingleses a una compañía de acero de Pennsylvania en 1901 y con una longitud de 677 metros, es el puente ferroviario más antiguo y largo del país. Despúes de que el tren se detuviera unos instantes para aflojar la velocidad y no tensar demasiado la bestial estructura, empezamos a cruzarlo, a casi 100 metros de altitud, preguntándonos por qué las medidas de seguridad eran tan terriblemente precarias! Las puertas del vagón estaban abiertas de par en par y las vías no tenían ningún tipo de barrera para evitar, en caso de un traspié, caer hasta lo más profundo de la garganta…

Y así, con un tren que daba más botes que los toros de la feria y que aún no entendemos por qué de vez en cuando retrocedía unos cuantos metros, por fin llegamos a Hsipaw a las 4 de la tarde! Estábamos agotados, pero había merecido la pena!!

Hsipaw, un pueblecito de montaña super tranquilo, nos permitió escapar del sofocante calor de los anteriores días y hacer un parón para cargar pilas. La mayoría de los viajeros que llegan hasta allí hacen un trekking para visitar aldeas Shan y Palaung , monasterios y cascadas, pero como nosotros habíamos hecho uno recientemente por las mismas montañas al otro lado de la frontera con Tailandia, preferimos simplemente ver los alrededores del pueblo por nuestra cuenta.

Más sensatamente, para volver a Mandalay escogimos el autocar. Nada más subir, a las 5 de la mañana, ya nos dimos cuenta que cruzar la garganta de Gokteik por carretera no iba a ser fácil… Y así fue: un cuarto del autobús acabó echando mano a las bolsitas que había en cada asiento!

Y después de diez días durmiendo poco y mal y levantándonos de madrugada para hacer trayectos eternos en autocares con el aire acondicionado a tope y trenes con las ventanas abiertas, era de esperar que el cuerpo dijera basta. Así que dedicamos el día que teníamos en Mandalay, entre el bus de llegada de Hsipaw y el que nos llevó al Lago Inle, a descansar y a curar el resfriado de Sergio. Cama, Gelocatil, Strepsils y como nuevo!!

ALBUM DE FOTOS

Un comentario en “Tren a Hsipaw

  1. Hola!!!!
    Enhorabuena por vuestro blog.
    En 2 semanas salgo para Myanmar.Me gustaria ir de Mandalay a Hsipaw, pasar un par de dias y volver a Mandalay. Merece la pena ir a hsipaw para tan poco tiempo. ¿os acordais de horarios de autobuses?
    Un saludo y gracias.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s