La costa sur

Habíamos prometido a Sara que no se iba a aburrir ni un minuto, así que de Battambang decidimos bajar hacia la costa sur del país, donde después de unos días bastante ajetreados nos podríamos relajar.

Nuestro primer destino fue Kep, un pequeño pueblo costero fundado como retiro para la élite francesa en 1908. Hacia los años 60 las preciosas casas de estilo colonial pasaron a manos de las familias camboyanas más adineradas, pero tras la reubicación forzosa llevada a cabo por los Khmer Rouge una década después, pocas de estas villas permanecieron en pie. Ahora, parece ser que, lentamente, el bonito pueblo trata de recuperar su antiguo esplendor.

Después de meses sin probar el marisco, fue una bendición!!

A escasos 20 minutos en cayuco de Kep se encuentra Koh Tonsay, más conocida como Rabbit Island, una isla en la que viven 25 familias dedicadas, hasta la llegada de unos pocos turistas, al cultivo de algas. Pasamos allí dos de los días más tranquilos de nuestras vidas, bañándonos en las sus aguas cristalinas, tomando el sol sobre plataformas de bambú, leyendo estirados en una hamaca, bebiendo batidos de frutas, masajeándonos de arriba a abajo, haciendo carreras con unos monjes muy cachondos y todo ello sin movernos de una playa de 250 metros que teníamos el privilegio de tener casi entera para nosotros solos.

Si durante el día las horas transcurrían lentamente, al caer el sol la paz y tranquilidad se apoderaban de la isla y miles de estrellas hacían presencia en un cielo ajeno a la contaminación. Estábamos tan a gusto que al ver una estrella fugaz no supimos qué pedir! El apagado del generador, que alumbra la isla durante cuatro horas, puntual a las 10 da paso a largas noches en las rústicas cabañas de bambú, a través de las que la brisa marina se filtra, ofreciendo un plácido sueño.

Estábamos empezando a temer que la isla nos atrapara para siempre, por lo que antes de que fuera demasiado tarde, decidimos volver a tierra firme. Era el último día que pasábamos con Sara antes de volver a la capital para despedirla, y para aprovecharlo al máximo alquilamos un par de motos para explorar la provincia vecina de Kampot. Lo que no sabíamos era que sería un día de lo más surrealista!!

Lo primero que hicimos al regresar a Kep fue ir al hotel en el que nos habíamos alojado dos noches antes, y del cual nos habíamos marchado a gritos enfadadísimos con la timadora de la encargada, para pedir que nos dieran unas bambas que Sara había olvidado en la habitación. Tras una larga espera y malas caras por ambas partes, conseguimos las bambas, las cuales duraron menos de una hora ya que al llegar a nuestro primer destino habían desaparecido de la moto. Al intentar subir a la estación de montaña de Bokor Hill, los hombres de seguridad que había al inicio de la carretera no nos dejaron continuar, alegando que el camino estaba cortado por obras y era peligroso. Ni con la tozudería ni con el soborno conseguimos que nos abrieran la barrera, así que nos dimos media vuelta y nos dirigimos hacia la cueva de Phnom Chhnork. Recorrimos la gruta guiado por unos niños muy simpáticos, pero al salir caímos en un pequeño detalle: esa cueva no era la que nosotros queríamos visitar, a pesar de tener el mismo nombre, dos estalactitas con forma de elefante, chimeneas que se elevaban hacia el cielo y las ruinas de un antiguo templo de ladrillos. Solo lo supimos porque nosotros no subimos ni un solo escalón para entrar, y supuestamente, en la que teníamos que estar había más de 200.

Mientras paseábamos entre campos de arroz de un verde intenso y aldeas rurales nos entró el hambre, así que nos dirigíamos a Kampot, pueblo al que dimos mil vueltas, intentando encontrar un restaurante recomendado por la guía que simplemente se había esfumado. Ya con el estómago lleno no quisimos perdernos visitar una plantación de la especia por la que la provincia de Kampot es mundialmente conocida: la pimienta. Pero una lluvia torrencial se interpuso en nuestro camino! Y para seguir con la racha, cuando ya habíamos decidido abortar la misión e ir hacia el hotel, nuestra moto nos dejó tirados sin ni una gota de gasolina sin avisar. Aún recuerdo la voz del niño que durante los diez minutos que Sergio tardó en encontrar gasolina estuvo diciendo “Hello!!!” ininterrumpidamente y con todas sus fuerzas desde el patio de su casa, desnudo bajo la lluvia!!

Por fin llegamos a Kep, y allí, algo tan fácil como comprar algo de pan para hacernos unos bocadillos de fuet se convirtió en la última odisea del día! Recorrimos todo el pueblo sin éxito, hasta que en un supermercado nos mandaron a un hotel de lujo en el que tenían una panadería (¿?), con tan mala suerte que se les habían terminado las barras de pan! Y todavía más confundidos, nos dirigimos a nuestra última opción: el Club Náutico de Kep, uno de los sitios más chic en los que hemos estado. Allí sí tenían pan, o más bien, nos lo podían hacer, pero para ello tuvimos que esperar nada más y nada menos que una hora y media, bajo la curiosa mirada de todos los pijos del lugar. La magia negra nos siguió incluso mientras dormíamos, y es que al despertar al día siguiente, un maldito roedor se había comido media barra que habíamos reservado para el desayuno!!!

Nuestros días por la costa sur finalizaban así de divertidos!! De allí volvimos a Phnom Penh, donde despedimos a Sara entre lagrimillas.

Gràcies per aquests dies, t’estimem molt!

ALBUM DE FOTOS

2 comentarios en “La costa sur

  1. Jo si que us estimo!! Que se´m van escapar les llàgrimes i tot al despedir-me (que bleda..). Gràcies pel viatge tan inolvidable que vaig passar amb vos!! MMMUUUAAA

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s