Hong Kong

Cambio de escenario bestial: de la India a Hong Kong!!

Vestidos con una de nuestras glamorosas siete camisetas, las botas de trekking y unos pantalones que ya no recuerdan su color original, aterrizamos en Hong Kong tras pasar toda la noche en el avión. Los aeropuertos casi siempre son un oasis de limpieza y organización dentro de los países, incluso de los más caóticos, por lo que no es hasta que sales de ellos que te das cuenta de donde estás. Nada más cruzar la puerta de Llegadas nos quedamos con la boca abierta y no la pudimos cerrar en los tres días que estuvimos en la ciudad.

Cargados con nuestras cuatro mochilas fuimos en búsqueda de un bus que nos llevara a la zona donde podíamos encontrar alojamiento “barato” y alucinamos de lo fácil que era todo. Una taquilla, una mujer dentro que nos entendió a la primera, nadie empujándonos por detrás, nadie queriéndose colar por los lados, un bus como Dios manda esperándonos a punto de partir, y la guinda del pastel: Wifi gratis rapidísimo dentro del bus!!

Al bajarnos en Tsim Sha Tsui con nuestras pintas nos sentimos más fuera de lugar que nunca… Todo el mundo andaba deprisa a nuestro alrededor, los hombres ataviados con traje y las mujeres subidas a altísimos tacones, iPhone o Blackberry en una mano y café para llevar en la otra. Por suerte rápidamente encontramos las Chungking Mansions, un roñoso y gigantesco edificio en el que se concentran las escasas guesthouse baratas de Hong Kong, donde al menos podernos dar una ducha y cambiarnos de ropa. De las docenas y docenas de opciones donde buscar habitación nos decidimos por la que la guía dejaba mejor, pero aún así nos costaba creer el precio que nos pedían (20 euros) por ese cuchitril de apenas 5 metros cuadrados!! Por suerte veníamos muy mentalizados de que en Hong Kong no podíamos aspirar a nada mejor con nuestro presupuesto, así que no nos quedó otra que resignarnos.

Hong Kong era un recóndito lugar dentro del imperio chino hasta que los mercaderes europeos empezaron a importar opio al país. A principios del siglo XIX los ingleses, con un suministro inagotable proveniente de los campos de amapolas de Bengala, desarrollaron de manera muy intensa el comercio y fue entonces cuando China intentó poner fin al tráfico de opio, iniciando así la Primera Guerra del Opio que no terminó hasta 3 años después, con la cesión de la isla de Hong Kong a la corona inglesa. En 1856 estalló de nuevo el conflicto, y durante cuatro años tuvo lugar la Segunda Guerra del Opio, de la que nuevamente resultaron vencedores los británicos. Esta vez tomaron posesión de la península de Kowloon, separada de la isla de Hong Kong por un estrecho de 800 metros, y en 1898 les fue cedido durante un periodo de 99 años la parte de los New Territories, el territorio en la costa China que además de la parte continental también abarca 234 islas periféricas. Durante un siglo Hong Kong fue el centro del comercio inglés con China, Japón y todo el sureste asiático, pero la fecha estipulada para el fin de la cesión (1997) iba acercándose y en 1984 Inglaterra accedió a que, llegado el día, Hong Kong pasara a ser lo que a lo que es hoy: una Región Especial Administrativa de la China, con la condición de que se conservara el libre mercado durante 50 años.

Para explicarlo de manera rápida y fácil: Hong Kong actualmente pertenece a la China, pero tiene muy poco que ver con ella.

Nos quedamos alucinados del transporte público que hay tanto dentro de la misma isla de Hong Kong como para moverse de una isla a la otra. Tienen trenes, tranvías, autobuses, ferrys, metros, trenes cremallera y funiculares, y absolutamente todos son rápidos, muy eficientes y nada caros.

¿Y qué decir del skyline? Simplemente precioso.

Decidimos centrarnos en la propia isla de Hong Kong y Kowloon, a pesar de que los New Territories abarcan el 88% del total de la zona de Hong Kong. Y es que en esta parte puedes encontrar verdosos paisajes vírgenes sin edificar, pero a nosotros lo que nos apetecía después de un mes por Nepal y dos más por la India era perdernos por los centros comerciales a curiosear, degustar café en cadenas internacionales, sentirnos pequeños entre tanto rascacielo y sentir el occidentalismo correr por nuestras venas!!

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