Tierra de nómadas

El último cruce de frontera fue épico. Tras un trayecto nocturno en un bus lleno hasta la bandera que violaba la norma de seguridad más básica nos plantamos en Érliàn, el último pueblo chino. Un par de días antes, mientras sufríamos la burocracia de la Embajada de Mongolia en Beijing, conocimos a Rich, un británico que tras cuatro años trabajando como profesor de inglés en Turquía, Japón y Vietnam, ahora está viajando unos meses por el mundo. Como no tenía planeada aún la manera de salir del país, nuestra descabellada idea le pareció genial y se unió a nosotros.

Los tres, una vez en Érliàn, nos recorrimos el pueblo, perdido en medio de la nada, de arriba a abajo varias veces, hasta que encontramos un jeep para que nos llevara a la frontera, y, una vez hecho el papeleo tanto en el lado chino como en el mongol, a Zamyn-Üüd, donde podríamos coger un tren hasta Ulaanbaatar. Parece fácil, verdad? Pues fue uno de los momentos más surrealistas de todo el viaje y nos es difícil contarlo, puesto que no entendimos nada de lo que pasó durante esas cuatro horas en el limbo fronterizo.

Tras tres horas de hacer colas, rellenar formularios, pasar el control de pasaportes en los puestos de salida y de entrada y esperar sin saber por qué, cuando parecía que todo estaba en orden, un agente vestido como Napoleón hizo detener nuestro jeep, se quedó con las dos placas de la matrícula y multó al conductor. Mientrastanto, una mujer nos grababa con una cámara de televisión y un reportero entrevistaba a las dos partes implicadas. Obviamente, toda la conversación fue en mongol, por lo que no entendimos nada, así que nos limitamos a mostrar nuestro mejor perfil y sonreír!

Una vez en Zamyn-Üüd fuimos a comprar un billete para el primer tren que saliera hacia la capital y nos refugiamos en el único restaurante del pueblo durante nueve largas horas. Aquella noche, al subirnos al tren, sentimos un amor a primera vista con nuestro último destino: Mongolia.

La Tierra del Cielo Azul es un país de paisajes increíbles: vastas estepas, lagos de un azul imposible, inmensos desiertos y montañas nevadas. Pero lo que lo hace realmente único es su gente. Con 3.086.000 habitantes, Mongolia es el país menos densamente poblado del mundo, y el 50% de su población es nómada.

Para los nómadas mongoles existen dos herramientas indispensables. La primera de ellas es el ger, la tienda circular de fieltro que da cobijo a toda una familia, en la que un fuego central sirve de separación entre el lado de las mujeres -a la derecha- y el de los hombres -a la izquierda-. El cabeza de familia se sitúa en la parte norte del ger, mientras que cerca de la puerta es el sitio reservado para los niños. Este tipo de casa les permite tener todas las comodidades necesarias pero a su vez moverse con facilidad cada vez que necesitan hacerlo (de dos a cuatro veces al año). Y el otro elemento imprescindible son los animales. Actualmente, hay en el país 44 millones de vacas, caballos, cabras, yaks, ovejas y camellos que proporcionan carne, leche, combustible (a partir de los excrementos), modo de transporte y piel para hacerse abrigos. El caballo es quizás el animal más amado por los mongoles, siendo un pilar fundamental de su peculiar estilo de vida; de ahí que la ratio de número de caballos por persona sea del 13 a 1!

Desde 1996, cuando se terminó el comunismo en el país y se estableció una democracia que ha de servir de ejemplo para los países vecinos, Mongolia está haciendo grandes esfuerzos para captar la atención del turismo; sin embrago y afortunadamente, todavía permanece uno de los destinos vírgenes de Asia. Tres veces el tamaño de Francia, se trata de un país inmenso, de infraestructuras rudimentarias y facilidades de lo más básicas fuera de la capital, en el que excepto en los aimag (provincias) más cercanos a Ulaanbaatar no existen las carreteras, solo caminos de tierra sin ninguna señalización. Los pueblos con comida y agua son pocos y muy lejos los unos de los otros, por lo que este país requiere una manera especial de viajar: alquilando una furgoneta 4×4 con conductor.

Habiendo pasado una noche en un bus y la otra en un tren, finalmente llegamos a Ulaanbaatar medio muertos. Pero, una vez allí, el azar hizo que no nos pudiéramos relajar ni medio minuto. Íbamos por la calle una hora después de habernos instalado, cuando tres turistas nos pararon para preguntarnos si sabíamos donde estaba una guesthouse, que resultó ser donde nosotros nos alojábamos. Les indicamos el camino, cruzamos cuatro palabras y nos despedimos de ellos. Pero al cabo de dos minutos nos dimos cuenta de que habíamos tenido un gran golpe de suerte! Nosotros eramos 3, y ellos 3 más, y 6 es el máximo de personas que caben en la furgoneta (lo cual abarata el coste sustancialmente). Además, por lo que nos habían dicho, estaban interesados en ver las mismas zonas del país que nosotros. Solo nos faltaba averiguar cuantos días tenían para visitarlas, así que corrimos para nuestro hotel, al que ellos habían ido a consultar precios para el tour, y allí comprobamos que todas las piezas del puzzle encajaban a la perfección: disponían de 19 días más, exactamente como nosotros! Así que el resto del día fueron idas y venidas para organizarlo todo y poder partir al día siguiente.

Os escribimos desde Tsetserleg, donde hemos encontrado Internet, en nuestro 9º día de ruta por este increíble país. Tendréis más noticias sobre nuestras aventuras mongolas tan pronto como sea posible!

3 comentarios en “Tierra de nómadas

  1. Hola.. ha començat crackòvia, el barça guanya, hi comencen a haver rovellons, en Bermu no folla, CIU governa, quan plou Bcn és un caos… res, que tot segueix igual!

    1. Se te olvida Kiko decir que ayer mismo cerraron la Monumental, cuyos motivos del cierre preferiria no comentar, snif, snif… 😦

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