Danau Toba

Cuando hacen “Carreteras del infierno” por el Canal Xplora y nos damos cuenta de que hemos experimentado en nuestras propias carnes lo que supone recorrer muchas de ellas y seguimos vivos, nos miramos sonriendo seguros de que ya nada puede ser peor. Nos equivocábamos. El trayecto para salir de Bukit Lawang hacia nuestro nuevo destino por el norte de Sumatra fue desquiciante.

Los indonesios no temen a la muerte. De hecho, podemos asegurar que algunos conductores con los que nos cruzamos ese día la buscaban. El precioso paisaje que nos brindaban las Karo Highlands, dominado por los volcanes Sinabung y Sibayak pasó casi inadvertido; teníamos puesta toda nuestra atención en apretar bien la mandíbula para no chillar -infructuosamente en alguna ocasión-.

Pero estábamos seguros de que todo ese sufrimiento iba a merecer la pena, y es que nos dirigíamos hacia Danau Toba, el mayor lago del Sureste Asiático y hogar de los Bataks.

Tras diez interminables horas, por suerte amenizadas por nuestras charlar con Carlos y Laura, una pareja de madrileños con los que compartimos aventuras durante los dos siguientes días, llegamos a Parapat, desde donde cogimos un barco hasta Samosir.

Y es que lo que hace de este rincón perdido entre volcanes un lugar tan especial es que en el medio de los 1.707 km2 que abarcan las aguas de este lago se encuentra la isla de Samosir, creada por una erupción volcánica hace entre 30.000 y 75.000 años.

Los Bataks, un pueblo guerrero proveniente del norte de Tailandia y Myanmar hicieron de esta isla su lugar, donde vivieron aislados del resto del mundo durante siglos. Todo esfuerzo por parte de los islamistas de Aceh y el oeste de Sumatra por convertir a esa gente de creencias animistas fue en vano, y solo los misioneros europeos consiguieron introducir el cristianismo en un pueblo que mantuvo prácticas caníbales como comerse carne de un enemigo capturado o una persona acusada de un delito grave hasta el 1816.

No podíamos imaginar un sitio más fascinante que aquél. Alojados en una preciosa casa tradicional batak en la oriilla del lago, recorrimos la isla de arriba a abajo sobre dos ruedas, visitando las Sillas de Piedra (unos megalitos de 300 años de antiguedad testigos de la toma de decisiones importantes y las torturas que se practicaban a los acusados antes de decapitarlos) y dejándonos perder entre los fértiles campos de arroz constantemente salpicados por impresionantes tumbas.

Un “Horas” -la palabra mágica que tienen para saludar, dar la bienvenida y hasta desear fortuna y salud para la familia- siempre acompañado de una amplia sonrisa nos invitaba a detenernos a menudo, y de hecho llegamos a asistir al funeral de una mujer que resultó ser una importante terrateniente de Samosir. Curiosos por averiguar qué significaban los enormes murales de flores que había a un lado de un tramo de carretera, un sacerdote nos puso en contexto y hasta nos presentó al viudo que sonriente esperaba la llegada del féretro -transportado desde Jakarta, la capital del país, donde ambos residían en ambulancia-.

Entonces no sabíamos que lo mejor estaba por venir, y es que etando ya exhaustos tras una intensa mañana explorando el interior de la isla pasamos por delante de una casita ante la cual se habían agrupado unas 50 personas. Redugimos la velocidad de nuestras motos y al saludar nos indicaron que nos acercáramos. Era un día feliz para ellos, ¡estaban de boda!

No lo dudamos ni un momento, aparcamos las motos, nos descalzamos y nos sentamos en un huequito libre en la esterilla junto al resto de invitados. Con la ayuda de la hermana del novio, que al vivir en Medan hablaba inglés, fuimos conociendo todos los detalles del enlace de esos dos jóvenes bataks de tan solo 18 y 20 años. Se trataba de una familia y una boda modestas. Los invitados, bebiendo arak y fumando como cosacos, estaban sentados delante de la casa de la abuela del novio, resguardados del sol por una lona azul; pero se desvivieron por ofrecernos comida y bebida. Con la acumulación de polvo que llevábamos en el cuerpo de todo el día, hicimos grandes esfuerzos por comernos con las manos aquella grasa de cerdo adobada y ese pescado al curry. El arak, un fuerte licor destilado de manera casera, por eso, fue el que nos dio la tarde, con un mareillo tonto y un fuerte dolor de cabeza!

Llegado el momento oportuno nos despedimos de aquellas dos familias, ya unidas, con una gran sonrisa en la cara. Experiencias como aquellas son las que enriquecen el viaje.

ALBUM DE FOTOS

2 comentarios en “Danau Toba

  1. Bufff…Cómo me gusta Indonesia, qué pasada este post! La carretera de la muerte, la isla, las gentes, las sonrisas…Dejad ya de ver tantas cosas por ahí que algún día tendremos que volver juntos.
    Y las fotos, punto y aparte. Cómo se nota que le estás cogiendo el truquillo a tus nuevos juguetes! Brutales!!
    Felicidades chavales!
    Un abrazo,
    Marcial

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